Reseñas Bibliográficas
La inteligencia fracasada
Antonio Marina
Editorial: Anagrama. Barcelona, 2004
Teoría y práctica de la estupidez.
Nadie discute que haya personas poco inteligentes ni que haya personas
inteligentes que ocasionalmente o siempre, privada o públicamente, actúan de
forma estúpida. José Antonio Marina aplica lo que usualmente llamamos sentido
común a esta cuestión y lo hace en un discurso de lector implicado (como en una
conversación: el autor habla de usted al receptor que lo está leyendo), en un
registro ilustrado y en un tono ensayístico. Al hilo de su discurso y formando
parte del mismo hay una enorme serie de anécdotas y citas brillantes
(filosóficas o no, literarias o no), unas propuestas demasiado contundentes de
clasificaciones y unas descripciones, distinciones o definiciones claras (a
veces, también demasiado claras quizás, habida cuenta de la complejidad del
objeto tratado: la inteligencia).
Llama la atención Marina en la diferencia que existe entre las capacidades que
miden los tests de inteligencia (percibir, relacionar, aprender y argumentar) y
el uso de la inteligencia. Señala que la inteligencia fracasa cuando se equivoca
en la elección de marco y, siendo el marco de mayor jerarquía para el individuo
su felicidad, es un fracaso de la inteligencia aquello que le impida
conseguirla.
Y sigue el recorrido sobre dominios amplios, muy amplios. En el capítulo sobre
fracasos cognitivos habla de
prejuicio, superstición, dogmatismo y fanatismo.Y para que no falte nada,
consta una alusión a la cuestión del
pudor y los interrogantes que plantea que sus manifestaciones cambien de
cultura a cultura y de época a época.
Y hablando de fracasos cognitivos, no podía faltar la metáfora animal que
supone el experimento del perro de
Paulov, el que tocaba una campana siempre que le daba comida al perro. El
perro, como se sabe, segregaba salió
va ante el estímulo de la comida, pero el día en que Paulov tocó la campana y
no le dio comida, el perro segregó saliva también: tenía el hábito mental sin
fundamento de que la comida seguía al sonido de la campana. Nuestro autor se
cióe a la anécdota clásica y no recoge la nueva versión del hecho que da Umberto
Eco en su
Trattato di Semiotica generale:ÒÀCómo puedes estar tan gordo ? dice un
famélico perro de Moscú que se encuentra con otro insólitamente lustroso. Este
responde: Pues mira, a las 12 del mediodía me doy una vuelta por el
Instituto Paulov, me pongo a segregar saliva e inmediatamente sale un
científico, toca una campana y me da comida.
En los fracasos afectivos, Marina trata de envidia, celos, resentimiento.Y
para que tampoco falte nada aquí, suscita la cuestión de cómo es posible que el
patriotismo sea bueno y el nacionalismo malo. Bien enseña la moderó
na lingüística que los términos significan dentro de un contexto y en
situación.
Aborda luego los fracasos del lenguaje y clasifica los fracasos amorosos: el
silencio, la sumisión, el automatismo del discurso, el malentendido y la
sumisión a la mecánica de género.
De nuevo una taxonomía contundente para los fracasos de la voluntad en su
función controladora: deficiencia del deseo, esclavitud de la voluntad (adicción
y miedo), impulsividad, indecisión, rutina, inconstancia y obcecación.
El libro concluye con el capítulo en que trata la dimensión social de la
cuestión (no es lo mismo Hitler que Mandela) y un epílogo de elogio de la
inteligencia triunfante contra el dolorismo sin fundamento que nos ha heredado
el Romanticismo y sus insustanciales secuelas.
La inteligencia, tal como la aborda Marina, desde un punto de vista filosófico
en general, puede tener que ver con
la ética, la Moral, la Sociología, la Teoría del Lenguaje, La Metafísica, La
Religión y la Teología, por lo menos. Este ensayo es una llamada al sentido
crítico y una ayuda a la clarificación de cuestiones normalmente embarulladas,
que todos tenemos sobre la mesa.